-: Oct 22, 2015 / Detectives Europa

5 grandes detectives de la literatura latinoamericana.

La vida de Edgar «El Zurdo» Mendieta no es fácil. No puede serlo: es policía en Sinaloa, uno de los estados de México más golpeados por la violencia y el crimen organizado. Mortificado por el abandono de su mujer, sólo tiene su valentía y dignidad para enfrentar la realidad corrupta que permea a la sociedad sinaloense. «El Zurdo» es el protagonista de las novelas «Balas de plata», «La prueba del ácido» y «Nombre de perro», de Elmer Mendoza, uno de los principales representantes de la «narconovela» mexicana, narrativa que reflexiona sobre el fenómeno social, político, económico y cultural del narcotráfico.

En el marco de HayFestivalMéxico@BBCMundo, le pedimos que eligiera cinco grandes detectives de la literatura latinoamericana para recomendar.

1. Filiberto García, de «El complot mongol» de Rafael Bernal.

Considerada la novela que fundó el género negro en México, su protagonista es un verdadero «fabricante en serie de pinches muertos», según la descripción del propio Rafael Bernal.  Filiberto García es un duro, rasposo, inteligente e intuitivo investigador, acostumbrado a disparar a todo lo que se mueve».

«Un duro, rasposo, inteligente e intuitivo investigador, acostumbrado a disparar a todo lo que se mueve«, nos explica Elmer Mendoza sobre su primer seleccionado.

Escrita en plena Guerra Fría (1969), la novela transcurre en Ciudad de México, donde estadounidenses y soviéticos creen que China está preparando un complot contra el presidente de EE.UU., quien está próximo a visitar México.

Para evitarlo, las autoridades mexicanas contactan a García, un experimentado detective, sin escrúpulos a la hora de matar.

2. Héctor Belascoarán Shayne, de la saga de Paco Ignacio Taibo II.

Entre refrescos embotellados, crímenes y tacos vive Héctor Belascoarán Shayne, «detective independiente», según lo describe su propio autor. Es el protagonista de la amplia saga de novelas policíacas del mexicano nacido en España Paco Ignacio Taibo II, publicadas entre 1976 y 1993. Héctor Belascoarán Shane, un tuerto que maldita la falta que le ha hecho el ojo dañado. Investigador hábil, husmeador efectivo que prefiere usar el cerebro a la violencia»

Presentado por primera vez en «Días de combate», Belascoarán es hijo de un capitán de marina vasco y de una cantante irlandesa.

Recién separado y habiendo abandonado su puesto de ingeniero mecánico en la General Electric, Belascoarán se instala en una oficina en pleno centro de Ciudad de México, que comparte con un plomero, un tapicero y un ingeniero en drenaje profundo. Luego de interminables filas para conseguir una licencia de detective, termina comprándola en una academia de cursos por correspondencia. Adquiere una pistola, la registra y se lanza a vivir.

Al contrario de su colega García, Belascoarán «prefiere usar el cerebro a la violencia», nos cuenta Elmer Mendoza sobre su segundo escogido.

«Un tuerto que maldita la falta que le ha hecho el ojo dañado. Investigador hábil, husmeador efectivo».

Belascoarán nació en una época en que «en México se legalizaba el Partido Comunista, florecía la prensa de izquierda y el sindicalismo independiente, al cual estaba el novelista tan ligado, parecía tener un futuro promisorio aunque un país sin el PRI todavía parecía inconcebible», explicaba en una de sus columnas sobre Taibo II Christopher Domínguez, uno de los principales críticos literarios mexicanos.

 

3. Mario Conde, de Leonardo Padura.

Como muchos otros protagonistas del género detectivesco, Mario Conde es un expolicía.

Vive en La Habana, Cuba, donde comparte aventuras con su amigo «El flaco», que se llama Carlos, ya no es flaco y lleva 10 años en una silla de ruedas. Matan el tiempo juntos a no ser que algún asesinato, robo, extorsión, o cualquier variante criminal se cruce en su camino.  Mario Conde es un detective cubano que se mueve como pez en el agua, aunque generalmente actúa en el filo de la navaja, entre los poderes fácticos y el respeto a la ley». Mario Conde «se mueve como pez en el agua, aunque generalmente actúa en el filo de la navaja, entre los poderes fácticos y el respeto a la ley», asegura Elmer Mendoza al explicarnos su tercera elección.

Sin embargo, «el Conde», es un hombre triste y agobiado,un «recordador de mierda», «un cabrón recordador», como lo describe «El flaco».

Se refiere a su afición por revivir el pasado sin necesariamente darse cuenta de que su memoria es engañosa. A menudo, el detective habanero imagina más que recuerda, un pasado que pudo ser y no fue. Gran observador, Conde resuelve los misterios casi por instinto, basado tanto en su investigación práctica como en su conocimiento de la raza humana.

4. Heredia, de la saga de Ramón Díaz Eterovic.

Los casos de Heredia están doblemente cruzados: primero, por la ciudad en la que transcurren: Santiago de Chile y sus rincones; segundo, por el presente histórico en el que pasan: el gobierno de facto de Augusto Pinochet.  Heredia es un taimado investigador, que se mueve como sombra por los intersticios de Santiago de Chile y no hay caso que se le atore».

Su primera aparición fue en 1987, en «La ciudad está triste». Tras ella la saga se extendió a más de una decena de historias con un enemigo común, «el lugar en la sociedad donde se anidan asesinos y, por supuesto, los mecanismos omnipresentes del poder que los encubren», asegura una reseña de LOM editores, que publicó «Heredia Detective», un libro ilustrado con seis historietas basado en el personaje de Díaz Eterovic.

«La novela policial ha sido para mí una perspectiva para hablar de temas sensibles en la sociedad chilena, como los detenidos desaparecidos, el narcotráfico, la carencia de una democracia real, las traiciones. Mis novelas las siento como una crónica de la historia chilena de los últimos 20 o 25 años», ha dicho el autor sobre su obra.

5. Juez Alejandro Barón Roca, de «Odisea del cangrejo» de Fernando López

«La justicia es dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde por ley… pero también lo que se merece», dice el juez Barón Roca.  El juez Barón Roca es un investigador cuidadoso, que carga con su historia, la presencia de sus amigos (…) lo suficientemente taimado para seguir toda clase de pistas a su favor».

El juez no es sólo personaje del argentino Fernando López, sino también el narrador de «Odisea del cangrejo». Uno bastante particular: su relato ocurre desde la unidad de terapia intensiva de un hospital, a punto de morir. Desde allí, recapitula su vida: amigos, enemigos, amores y los supuestos cinco balazos por la espalda que lo dejaron así. Juez del pequeño pueblo imaginario de San Tito, Barón Roca es «un investigador cuidadoso, que carga con su historia, la presencia de sus amigos y que es lo suficientemente taimado para seguir toda clase de pistas a su favor», nos comenta Elmer Mendoza en alusión a su quinto elegido.

Fuente: bbc.com/mundo/noticias

Redacción

Posted in: Noticias

658850079 Llamar ahora

Abrir chat
1
¿Necesita ayuda?
Escanea el código
Hola 👋
¿En qué podemos ayudarle?